La biotecnología aplicada a la construcción encierra múltiples promesas, afirma el profesor Martyn Date Robertson, que dirige una red de investigación sobre el tema. Si se diseñaran integrando procesos biológicos naturales, los edificios, como los seres vivos, podrían crecer, vivir, respirar e incluso reproducirse. Una de las líneas de investigación es la explotación de las propiedades de un hongo, el micelio, que permite producir materiales de alto rendimiento. Una estructura en la que el micelio permaneciera parcialmente vivo podría evolucionar e incluso autorrepararse. 

Entre las opciones que han explorado los investigadores destacan la posibilidad de “curar” el hormigón debilitado por las infiltraciones de agua, la de permitir que las paredes “respiren” mediante membranas de látex recubiertas de esporas bacterianas, o la de producir energía al “digerir” los residuos generados por el edificio. 

17/05/2021

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