Frente al calentamiento global, la densificación urbana y la escasez de suelo, hay grandes promesas de resiliencia para la ciudad ocultas en el subsuelo. Ahora toca a los urbanistas abordar este tema, tal y como explica Marie-Claire Barré, doctora en urbanismo y ordenación del territorio y fundadora del estudio de acompañamiento de proyectos CAPACITé.

©Adobe Stock
¿Desde cuándo está presente el subsuelo en las reflexiones sobre la ciudad?
M.-C. B. Se trata de un tema antiguo que se remonta a la Antigüedad (con notables obras subterráneas de abastecimiento de agua, por ejemplo, y las exhaustivas reflexiones de Leonardo da Vinci sobre las calles bajas y las calles altas) y que encontramos repetidamente a lo largo de los siglos en las representaciones del espacio urbano, tanto filosóficas como en la ficción. En la época contemporánea, resurgió en la década de 1930 para combatir las condiciones insalubres de las ciudades. El movimiento del urbanismo subterráneo, surgido de las reflexiones de Eugène Hénard, tiene como máximo representante a Edouard Utudjian** y aboga por el uso del subsuelo para albergar numerosas funciones urbanas, incluida la vivienda. Se trata de un enfoque diametralmente opuesto al desarrollado con la Carta de Atenas, encarnado sobre todo por Le Corbusier* y conocido por su principio rector: “aire, sol y vegetación”.
Desde entonces, la cuestión de la valorización urbana del subsuelo vuelve a plantearse de forma cíclica. Hoy en día, esta cuestión cobra especial relevancia, claramente impulsada por los retos medioambientales. Abordar la problemática del subsuelo implica, inevitablemente, plantearse la cuestión de la escasez de recursos y de suelo, la lucha contra el calentamiento global –pero sobre todo la adaptación a este fenómeno–, la gestión de la densificación urbana y la posibilidad de nuevos modelos logísticos…
¿Así pues, la cuestión del subsuelo se plantea ahora en términos de “recursos”?
M.-C. B. Sí, el subsuelo alberga numerosos recursos que a menudo se ignoran o se pasan por alto: georrecursos, inercia térmica, espacios aprovechables… Pero hoy en día ya no se trata tanto de aprovechar una oportunidad técnica como de pensar en términos de necesidad. El aprovechamiento de los espacios subterráneos se plantea desde una lógica de resiliencia urbana, en la que el suelo invisible podría ser una respuesta a retos tan importantes como la construcción de una ciudad compacta, el desarrollo de la logística urbana o la innovación en la producción descarbonizada de calefacción o refrigeración. El subsuelo ofrece numerosas promesas.
¿Qué obras arquitectónicas emblemáticas que integran espacios subterráneos se pueden citar?
M.-C. B. Quizá una de las más conocidas es la Biblioteca Nacional de Francia François-Mitterrand, en París, diseñada por Dominique Perrault, con sus niveles –entre ellos, un bosque interior– ganados al subsuelo. Cabe mencionar también la Universidad Femenina Ewha de Seúl o la piscina y el velódromo olímpicos de Berlín, otras dos famosas obras de Dominique Perrault, quien se erige claramente como un pionero en esta área.
Aparte de estos ejemplos emblemáticos, ¿hay algunas ciudades que estén más avanzadas que otras?
M.-C. B. Resulta difícil establecer comparaciones, ya que los objetivos que se persiguen con el aprovechamiento de los espacios subterráneos varían de una ciudad a otra y, además, la función real de esos espacios puede haber cambiado de manera inducida respecto a las intenciones iniciales o declaradas.
“El subsuelo sigue siendo un espacio aún muy poco conocido”
En Helsinki, por ejemplo, las infraestructuras subterráneas se concibieron para protección civil, ya que Finlandia limitaba entonces con la URSS. A medida que esos espacios fueron ampliándose, acabaron albergando también infraestructuras de transporte, gestión de residuos y energía, pero también lugares de ocio, de culto, oficinas e incluso viviendas. Dicho esto, se considera que Finlandia, y más aún Quebec, con sus espacios dedicados al comercio y a la movilidad, son los territorios más “avanzados”.
Suiza, país de montañas y túneles, pero también de búnkeres subterráneos destinados a protección civil, mantiene también una relación “privilegiada” con el subsuelo. De hecho, el Consejo Federal del país aprobó en 2023 una estrategia para el uso sostenible del subsuelo y una ley contra la dispersión urbana con el fin de dar prioridad al uso de los espacios subterráneos ya existentes.
¿Y en otros lugares? ¿Qué ocurre con Francia y, en particular, con París?
M.-C. B. En 2021, el Ayuntamiento seleccionó una veintena de proyectos de entre los más de 200 presentados en la segunda convocatoria de manifestaciones de interés “Reinventar París”, centrada en la transformación de los espacios subterráneos de 31 emplazamientos de la capital. La mayoría de estos proyectos tienen un marcado carácter “cultural”, “festivo” o “comercial”. El proyecto ganador del emplazamiento de Grenier-Saint-Lazare, realizado por Sogaris con Syvil Architectures, resulta especialmente interesante en este sentido, ya que consiste en pasar de una función de aparcamiento a una de logística urbana y propone un marco jurídico y un modelo económico innovadores.
A escala nacional de Francia, a principios de 2023 se puso en marcha un Programa y Equipamientos Prioritarios de Investigación (PEPR), impulsado por la Oficina de Investigaciones Geológicas y Mineras de Francia y el Centro Nacional de Francia para la Investigación Científica (CNRS), titulado “El subsuelo, un bien común”. En el marco del tercer eje de este programa, dedicado a la ciudad subterránea sostenible, en 2024 se puso en marcha un programa específico para París, dotado con un presupuesto de 3 millones de euros para un periodo de siete años y que reúne a socios como la Escuela Nacional de Puentes y Caminos, la RATP, la Universidad de París-Saclay, el CETU (Centro de Estudios de Túneles de Francia) y la Metrópolis del Gran París. El ámbito del estudio abarca el trazado del Grand Paris Express y debe explorar las posibilidades a una profundidad de entre 0 y 100 m.
¿Los urbanistas han abordado realmente este tema?
M.-C. B. Digamos que la reflexión avanza y que van surgiendo proyectos piloto, a veces muy innovadores, que incorporan espacios subterráneos, pero más allá de estas muestras de ingenio urbanístico, el verdadero reto es la replicabilidad, que hoy en día debe hacer frente a una serie de obstáculos.
¿Cuáles son?
M.-C. B. Son de diversa índole. Por supuesto, existen obstáculos financieros. Además, algunas disposiciones legales también complican las obras de urbanización. La mayoría de las redes dependen de la legislación sobre vías públicas y, según el ordenamiento jurídico, la propiedad de la superficie conlleva la propiedad del subsuelo, hasta el centro de la Tierra. Por ello, las infraestructuras subterráneas que no se ajustaran al trazado de las de superficie se encontrarían con dificultades administrativas. Por otra parte, dado que la legislación evoluciona constantemente, los urbanistas deben permanecer muy atentos, sobre todo en lo que respecta a las normas de seguridad (dimensiones de los espacios, salidas de emergencia, etc.).
Otro obstáculo importante radica en que el subsuelo no está realmente integrado en los documentos de urbanismo. A poca profundidad, hay pocos mapas y modelos 3D, y no siempre se conoce la ubicación de las redes técnicas. Ante la falta de recursos cartográficos armonizados, sería necesario definir un marco nacional para realizar un inventario del subsuelo y sus usos. De hecho, este es uno de los objetivos del PEPR “El subsuelo, un bien común”.
En términos más generales, el subsuelo sigue siendo un espacio aún muy poco conocido como para plantearse una visión y una estrategia globales, condiciones imprescindibles para una articulación coherente entre los diferentes usos posibles.
*La Carta de Atenas toma su nombre de una publicación de Le Corbusier de 1943, que surgió a raíz de un Congreso Internacional de Arquitectura Moderna celebrado en 1933 a bordo de un barco que realizaba la travesía de Marsella a Atenas. En ella se enuncian los grandes principios del funcionalismo en arquitectura y urbanismo.
**El urbanismo subterráneo tiene su origen en las reflexiones de Eugène Hénard, arquitecto parisino de principios del siglo xx, quien ya entre 1903 y 1910 teorizó sobre una organización racional de las infraestructuras urbanas en capas superpuestas –redes técnicas, vías de circulación, servicios–, liberando así la superficie para los peatones y las áreas verdes. Fue Edouard Utudjian quien dotó a este movimiento de su estructura institucional. En 1933, fundó en París el Grupo de Estudios y Coordinación del Urbanismo Subterráneo (GECUS), la primera organización internacional dedicada íntegramente a esta disciplina. Arquitecto y urbanista, Edouard Utudjian defendía la idea de que el subsuelo urbano no es un espacio residual o puramente técnico, sino un recurso planificable en toda regla, que debe cartografiarse, gestionarse e incorporarse al pensamiento urbanístico global. En 1952 publicó Urbanisme souterrain (Urbanismo subterráneo) y defendió este planteamiento hasta su fallecimiento, en la década de 1970.

Marie-Claire Barré es urbanista y se doctoró por la Escuela Nacional de Puentes y Carreteras en 2001. Su trayectoria combina la investigación (LATTS); el trabajo en grandes grupos de servicios urbanos (como Suez), en administraciones locales (la ciudad de Dunkerque, en el norte de Francia) y en asociaciones profesionales; la gestión de proyectos urbanos (en el estudio de arquitectura y urbanismo Richez_Associés, hoy landForma), y la formación (CNFPT, Centro Nacional de la Función Pública Territorial de Francia).
En 2020 fundó el estudio CAPACITé, que dirige, una estructura centrada en los procesos de cooperación entre actores, la mayéutica de proyectos en entornos complejos, la prospectiva y el diseño.
En el ámbito de los subsuelos urbanos, llevó a cabo un estudio de viabilidad para el comité “Espacio Subterráneo y Transiciones” de la AFTES (Asociación Francesa de Túneles y Espacio Subterráneo) con vistas a su presentación ante el comité de orientación de la RGC&U (Red de Ingeniería Civil y Urbana) del Ministerio de Transición Ecológica, Biodiversidad y Negociaciones Internacionales sobre el Clima y la Naturaleza de Francia.
Su contribución más reciente sobre este tema es un estudio encargado por La Fabrique de la Cité (Grupo VINCI) y publicado en octubre de 2024, titulado Les promesses du sous-sol pour une ville durable (Las promesas del subsuelo para una ciudad sostenible). Este estudio traza un balance y ofrece perspectivas sobre el potencial del subsuelo en Francia, y repasa, en particular, la larga historia del urbanismo subterráneo.
Más información
Resumen
- El subsuelo se perfila como un recurso estratégico para hacer frente a los retos de la densificación urbana, la escasez de suelo y la adaptación al cambio climático.
- Sus posibilidades son múltiples: logística urbana, movilidad, energía, geotermia, almacenamiento térmico y nuevos usos de la ciudad.
- Ciudades como Helsinki, Montreal o París ya están experimentando con modelos de ordenación urbanística subterránea al servicio de la resiliencia urbana.
- Francia está impulsando la investigación en este ámbito con el programa nacional “El subsuelo, un bien común” y varios proyectos piloto en la región del Gran París.
- El principal reto sigue siendo la ampliación a mayor escala, frenada por obstáculos jurídicos, financieros y normativos, así como por un conocimiento aún insuficiente del subsuelo urbano.
02/11/2026