La tecnología es óptima como siervo, pero pésima como señor. Son palabras del futurista Gerd Leonhard, que opina que el despliegue de la tecnología implica necesariamente decisiones éticas.

Sensores, algoritmos, cobots, la nube, automatización, IA… La tecnología está cada día más presente entre nosotros y está acelerando espectacularmente la transformación de las formas de vida, de producción y de consumo. Y esto solo es el principio: “La humanidad va a cambiar más durante los próximos 20 años de lo que ha cambiado durante los últimos 300”, prevé Leonhard.

En sus libros y conferencias, el futurista alemán recalca la idea de que la tecnología constituye a la vez una amenaza y una oportunidad para el ser humano, al que puede servir, pero al que también puede esclavizar. La idea fundamental de su obra Tecnología versus humanidad es que hay que tomar decisiones y tomarlas rápido. Sin temor a exagerar, advierte: “El momento actual es nuestra última oportunidad para plantearnos la naturaleza de esos desafíos futuros”.

Para Leonhard, la cuestión no está tanto en el uso de la tecnología en sí misma como en el hecho de que esta se vaya integrando de una forma cada vez más profunda en la vida humana. De la inteligencia artificial a la secuenciación del genoma humano, es preciso “encontrar el equilibrio óptimo”, afirma el futurista, que para ello presenta “un conjunto de ideas inspiradas en el humanismo”. Y es que el reto es, precisamente, saber aprovechar las enormes aportaciones de la tecnología sin perder nada de lo que nos hace humanos, ante todo, el libre albedrío.

“Androritmos” contra algoritmos

En su obra, Gerd Leonhard enumera las transformaciones que se están produciendo. Se trata de “megacambios” que constituyen facetas de la transformación en curso: digitalización de todo lo que pueda digitalizarse, movilización, desintermediación, automatización, virtualización, robotización… Cada aspecto se analiza desde el doble prisma de los riesgos y los beneficios que se espera obtener.

“Todo aquello que no se pueda confiar a los ordenadores podrá convertirse en algo extremadamente valioso”

En su opinión, la contrapartida de la digitalización generalizada es que “todo aquello que no se pueda confiar a los ordenadores podrá convertirse en algo extremadamente valioso”. Se refiere a rasgos humanos esenciales, como las emociones, la compasión, la ética, la felicidad y la creatividad, “cosas impalpables que nos distinguen como humanos», escribe, oponiendo estos “androritmos” a los “algoritmos”.

La conectividad, esa facultad de intercambiar datos en todo momento y en todo lugar, es “nuestro nuevo oxígeno”, pero viene acompañada de otro fenómeno: la pantallización y la desintermediación, que nos obligan a utilizar plataformas para acceder a servicios que hasta ahora prestaban intermediarios humanos, como el médico, el profesor o el banquero.

 Virtualización y anticipación

Otros movimientos profundos tan prometedores como amenazadores son lo que él llama la “inteligización” —los objetos conectados se convierten en objetos inteligentes— y la virtualización, que permite sustituir objetos físicos como el libro o incluso las redes de comunicación por su versión electrónica.

La virtualización, será, según Gerd Leonhard, “una de las principales fuerzas desencadenantes del conflicto entre tecnología y humanidad”, ya que provocará pérdidas de puestos de trabajo y aumentará la probabilidad de que la biología esté a merced del software en un futuro no muy lejano, además de favorecer la tentación cada vez mayor de virtualizar a los seres humanos mediante la carga virtual de su cerebro o “ciborgización”.

Quizá uno de los aspectos de la transformación digital más elocuentes a la hora de ilustrar la oposición entre ser humano y máquina es la anticipación. El asistente personal, “alimentado” con los datos de su “amo”, podrá responder ante una determinada situación como si fuera él, reprogramando una cita o pidiendo un taxi. Esto es, sin duda, una comodidad, pero la “predicción” mediante un algoritmo de los delitos que se van a cometer en una ciudad hace pensar inmediatamente en la película de ciencia ficción Minority Report, con sus precogs, individuos señalados que reciben la visita de un trabajador social o de la policía antes de haber hecho nada.

 La ética al rescate

Según Gerd Leonhard, para averiguar la naturaleza de los retos futuros hay que examinar la tecnología desde la perspectiva de la ética. Precisamente porque “la tecnología carece de ética”, ante su inminente irrupción en nuestros procesos más íntimos, es necesario someterla a un examen colectivo y cívico.

En opinión del futurista, las cuestiones que hay que analizar y resolver en el plano ético son la dependencia, la confusión, la pérdida de control y la abdicación. La dependencia acecha cuando nos vemos tentados de abandonar nuestro pensamiento a los programas informáticos. La confusión se manifiesta cuando ya no se sabe si una decisión la ha tomado el asistente digital o uno mismo, y la pérdida de control viene dada por la incapacidad de juzgar si la anticipación de la IA ha sido o no correcta.

Por último, la abdicación se manifiesta en la tentación de delegar en el sistema más tareas de las necesarias, ya sean tareas de organización de agenda o respuestas a correos electrónicos.

Gerd Leonhard considera que la sociedad debe orientarse con esa brújula ética y traducir sus orientaciones en normativas que se centren especialmente en los nuevos “magnates del petróleo”, las “data oil companies”.

12/12/2019