Por primera vez en la Francia rural, una lanzadera autónoma, bautizada con el nombre de Beti, se desplaza por el departamento de Drôme en una carretera abierta al tráfico. Un gran avance que da respuesta a las necesidades de transporte en las zonas rurales.

El 7 de septiembre de 2020, en el departamento francés de Drôme, se puso en marcha una primera prueba de movilidad autónoma en zonas rurales con Eurovia. Beti, una lanzadera autónoma facilitada por la start-up de Lyon Navya y que gestiona Bertolami, una empresa de transportes de Drôme, circuló durante varios meses entre la estación de trenes de Crest, una población de 9.000 habitantes, y el Ecosite du Val de Drôme, en Eurre, un polo de competitividad centrado en la agricultura biológica. El proyecto está liderado por la región de Auvernia-Ródano-Alpes, autoridad encargada de los transportes, y cuenta con el apoyo del departamento de Drôme.

A lo largo de 4,5 km, la lanzadera realizaba siete paradas que enlazaban con equipamientos públicos, comercios y zonas de actividad del territorio. Podía transportar un máximo de diez pasajeros sentados y un vigilante de seguridad. 

“La idea era salir de nuestra zona de confort. Ya se habían desplegado múltiples proyectos en carreteras y centros urbanos, pero nunca en zonas rurales, que sin embargo representan la mayor parte de la red vial. En Drôme, gracias al apoyo de las autoridades locales, encontramos un terreno de juego en el que experimentar con la lanzadera autónoma”, subraya Pauline Dalicier, responsable de Innovación para las filiales especializadas de Eurovia.

Las lanzaderas autónomas, que han sido probadas en La Défense (Francia), Newcastle (Australia) o Montreal (Canadá), empiezan a mirar hacia el ámbito rural, donde los servicios de transporte público están menos desarrollados, a pesar de que las necesidades de movilidad son cruciales. En Francia, por ejemplo, las áreas rurales representan el 63% de la superficie total y aglutinan 22.500 de los 36.000 municipios del país*. Sin coches, sus habitantes pueden tener dificultades para acceder a sus puestos de trabajo y a los comercios y servicios públicos de proximidad: ayuntamientos, guarderías, centros culturales y deportivos, etc. Para ellos, la movilidad autónoma es una promesa de vital importancia. 

Limitaciones específicas 

Pero mientras que en el entorno urbano las lanzaderas autónomas disponen de puntos fijos para orientarse, en el medio rural operan en un entorno que cambia con las estaciones: vegetación, hielo, nieve, etc. “Nuestro papel ha consistido en proporcionar puntos de referencia fijos a la lanzadera autónoma mediante el uso de señales de tráfico y de marcas viales que puede detectar gracias a los sensores”.

Tras las pruebas, fueron necesarias pocas modificaciones, ya que solo tuvo que adaptarse un tramo de 1 km de los 4,5 km que cubre la lanzadera. “En el resto del trayecto, solo se realizó una actualización en todas las infraestructuras existentes. Gracias a esta prueba, pudimos obtener soluciones concretas y económicas adaptadas a las zonas con poca densidad de población”, explica Pauline Dalicier. 

Una condición sine qua non del desarrollo de las lanzaderas autónomas sigue siendo su aceptación por parte de la población. Por ello, en paralelo a los estudios técnicos, se realizaron encuestas a los usuarios de la lanzadera y de la carretera con el fin de analizar la percepción que tenían del dispositivo. El objetivo de los socios del proyecto es transformar la oferta de servicio para que cumpla con las expectativas de los usuarios y los gobiernos locales. 

Circular más lejos, con total seguridad 

El ensayo finalizará en febrero de 2021 tras cinco meses de pruebas. Los equipos de Eurovia ya se están centrando en la continuación del proyecto para intentar mejorar la velocidad de la lanzadera autónoma y la longitud del trayecto. “La lanzadera circulaba a una velocidad media de 17 km/h, con una velocidad máxima de 25 km/h. Para disponer de un servicio útil y eficaz, habrá que ampliar la distancia recorrida, lo que implica una velocidad algo mayor”, señala Pauline Dalicier. Sin embargo, es una condición indispensable garantizar la seguridad de los pasajeros y del resto de usuarios de la carretera, a la vez que se ofrece un servicio eficiente. 

Con un planteamiento innovador y sencillo de la infraestructura, el futuro de la lanzadera autónoma en zonas rurales parece prometedor, aunque se halla todavía en su fase inicial. “Los problemas a los que debemos hacer frente —vegetación, poblaciones dispersas— se repiten en los distintos territorios. Además, este dispositivo ofrece un nuevo servicio de movilidad especialmente dirigido a los usuarios ‘vulnerables’, como personas mayores, personas con alguna discapacidad o sin empleo”, concluye. 

 

*Las zonas rurales son aquellas cuya densidad es inferior a los 300 habitantes/km² y cuya población no supera las 5.000 personas.

11/02/2021