Renovación energética del sector terciario: ¿cómo lograr un uso masivo del CRE?
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Al contrato de rendimiento energético le está costando despegar en el sector de la renovación energética de edificios terciarios. Sin embargo, al combinar la obligación de obtener unos resultados cuantificables y la optimización de costes operativos a largo plazo, ofrece a los contratistas oportunidades sin precedentes para acelerar su descarbonización en el mercado francés.

Reducir en un 10%, un 15% o un 20% el consumo de energía contando con los conocimientos y experiencia de un prestador de servicios que se compromete a obtener unos resultados: ¿hay algo mejor para los arrendadores del sector terciario cuando se ven obligados por el calendario normativo a intensificar sus esfuerzos de descarbonización?
Si quieren lograr los objetivos del Dispositivo Ecoenergía Terciaria (DEET), aplicable desde la entrada en vigor del decreto terciario en 2019, es decir, una reducción del 60% en el consumo energético de los edificios a 31 de diciembre de 2050, no tienen otra opción que multiplicar los elementos activadores. Entre el abanico de herramientas y mecanismos a su disposición, hay uno especialmente prometedor: el contrato de rendimiento energético (CRE).
¿De qué se trata? El CRE es un acuerdo contractual que se concluye entre un promotor privado y un titularcon el objetivo de mejorar la eficiencia energética de un edificio (destinado a servicios, de uso industrial, de vivienda social o de uso residencial) a través de una variedad de medidas de renovación (conjunto de obras, equipos, servicios y prestaciones). La particularidad es que hay un compromiso de resultados.
El CRE se basa en una triple norma contractual: una garantía de eficiencia energética durante un plazo determinado, una correlación entre la remuneración del proveedor y el nivel de eficiencia logrado y una indemnización económica por parte del beneficiario en el caso de que no se cumplan los objetivos.
“El CRE no solo permite cumplir las obligaciones normativas y mantener unos edificios atractivos desde el punto de vista energético, sino que también ofrece valiosas ventajas: un retorno de la inversión inmediato para el contratista, una incitación a los prestadores de servicios a maximizar el ahorro y una contribución a la reducción de las facturas energéticas a largo plazo. Es una herramienta que protege plenamente a los contratistas, que tienen más interés en dar este paso porque este mecanismo incluye un abanico muy amplio de acciones posibles. De este modo, cada uno puede ir a su ritmo, priorizando un eje u otro”, argumenta Michael Sigda, director de desarrollo comercial y de marketing en VINCI Energies.
Cuestión de superficie
Los gestores de edificios pueden elegir entre tres grandes tipos de contratos: los CRE “de suministros o sistemas”, los CRE “de obras” y los CRE “globales”. Los primeros se aplican a proyectos en los que el prestatario suministra sistemas de gestión energética del edificio o equipos de producción o de distribución de energía y se ocupa de su mantenimiento a lo largo de la duración del contrato (entre tres y doce años, aproximadamente). Los segundos engloban obras de construcción y requieren un período más largo para obtener un retorno de la inversión. En cuanto a los terceros, agrupan los dos primeros, con lo que implican obras, suministros y prestación de servicios a lo largo de períodos superiores a 15 años.
Actualmente, la movilización de los CRE “de obras” y “globales” es aún muy limitada en el sector terciario privado. Según el Observatorio de los Bienes Inmuebles Sostenibles (OID por sus siglas en francés), el 3% de los activos privados eran objeto de un contrato en 2023. Los contratistas tienden a concentrar sus esfuerzos en la primera etapa de reducción de los consumos en un 40% de aquí a 2030 fijada por ley, y priorizan la optimización de la explotación, el control y la mejora de los equipos. Cuanto menor es la superficie de los activos, más reticentes parecen los gestores a dedicar recursos a regular por contrato objetivos de reducción del consumo energético.
“La demanda está ahí. Los contratistas saben que no tienen muchas más opciones”
El interés del CRE parece más evidente para determinadas categorías de edificios. Los grandes edificios, por ejemplo, ofrecen una importante superficie de economías de escala, desde el montaje del contrato hasta el seguimiento de los rendimientos de la explotación, y por ello permiten maximizar la reducción del volumen de los consumos energéticos. Del mismo modo, cuanta más energía consume un edificio, mayor es el potencial de ahorro inmediato.
“El CRE es una herramienta ad hoc”, subraya Olivier Ortega, abogado asociado en LexCity Avocats, un despacho especializado que cuenta en su haber con unos 150 CRE en los últimos diez años. “Cada edificio presenta unas características propias. Por ello, la fase de auditoría y de diseño detallado de las obras, aunque pueda ser larga, resulta esencial. Permitirá un análisis en profundidad del estado energético del edificio, una identificación precisa de las fuentes de ahorro energético (envolvente del edificio; sistemas de calefacción, ventilación, aire acondicionado e iluminación, y usos específicos de los espacios y equipamientos) y el dimensionamiento de la inversión”.
Acompañar la curva de aprendizaje
¿Cómo lograr un uso masivo del CRE para que sea parte integrante de las operaciones de renovación de los inmuebles terciarios? “La herramienta parece compleja. Seguramente se podría trabajar en una simplificación de los procedimientos y desarrollar mecanismos de financiación innovadores. Mientras tanto, hay que comunicar, explicar a nuestros clientes y a los asesores en dirección de obra todas las ventajas de este contrato”, explica Marie-Camille Grange, gerente y responsable de la empresa OZAIQ fundada en 2021 por VINCI Energies para controlar los CRE y orientar a las empresas clientes en sus proyectos de eficiencia energética.
“Estamos presentes sobre todo en concursos públicos. Por ejemplo, para el municipio de Rueil-Malmaison, con un gran proyecto para seis grupos escolares con un objetivo de reducción del 40% del consumo de energía”, prosigue Marie-Camille Grange.
Olivier Ortega, por su parte, advierte un interés cada vez mayor entre el sector privado. “La demanda está ahí. Los contratistas saben que no tienen muchas más opciones. La gradación progresiva de los objetivos fijados por el DEET exige planteamientos radicales. Es más necesario que nunca favorecer esta dinámica, acompañar la curva de aprendizaje de los actores, sensibilizando, formando, organizando intercambios de experiencias y difundiendo buenas prácticas”.
Y concluye: “Los CRE deben convertirse en el futuro en una pieza maestra de la renovación energética de los edificios”.
16/03/2026