Ir directamente al contenido de la página Ir a la navegación principal ir a investigar

El patrimonio cultural no es solo un legado, es un factor de activación económica, social y territorial, un potente motor de crecimiento. Tanto en Francia como en Europa, atrae a millones de visitantes, genera empleo y dinamiza las regiones. Veamos cómo.

El patrimonio cultural, que durante mucho tiempo ha sido percibido como un legado que hay que conservar únicamente por su valor simbólico, es hoy reconocido como un potente motor de desarrollo económico, social y territorial. Expertos y partes interesadas coinciden: los monumentos históricos, los museos, las instalaciones industriales reconvertidas o el saber hacer inmaterial constituyen un capital vivo, con una repercusión que va mucho más allá del ámbito cultural.

“El análisis económico se basa en indicadores objetivables (estudios de relación coste-beneficio, creación de empleo, valor añadido local, efectos multiplicadores) para demostrar que la inversión patrimonial tiene un impacto económico duradero. Estimula la actividad, refuerza el atractivo de los territorios y genera ingresos fiscales superiores a las inversiones, como ya han demostrado muchos estudios europeos de referencia(1), destaca Maria Gravari-Barbas, profesora de geografía en la Universidad París 1 Panteón-Sorbona, directora de la cátedra UNESCO “Cultura, Turismo, Desarrollo” y del EIREST (Equipo Interdisciplinario de Investigación sobre el Turismo).

Un aliado del atractivo turístico

Desde el punto de vista económico, el patrimonio va indisociablemente unido al atractivo turístico. En 2024, Francia recibió la visita de más de 100 millones de turistas internacionales, que generaron ingresos por valor de 71.000 millones de euros. El turismo representa por sí solo el 8% del PIB nacional y genera más de 1,3 millones de empleos directos(2). Uno de cada dos turistas extranjeros realiza una visita cultural durante su estancia, atraído por una excepcional red de cerca de 46.000 monumentos protegidos y más de 1.000 museos de prestigio. Esta frecuentación no es exclusiva de los visitantes internacionales: casi el 67% de los franceses accedieron a un lugar de interés patrimonial en el año 2024(3).

A escala europea, se confirma el papel central del turismo cultural: Europa recibió 631 millones de turistas internacionales en 2024, es decir, el 43% del total mundial(4). Las grandes capitales culturales, el Mediterráneo y los itinerarios transfronterizos son los principales centros de atracción, con una progresión de cerca del 6% respecto a 2023. Francia, España, Italia y Grecia figuran entre los destinos más preciados, lo que confirma el atractivo del patrimonio europeo en el largo plazo.

Un efecto multiplicador notable

La inclusión de un determinado lugar en el patrimonio mundial de la UNESCO genera un impulso económico considerable, atrayendo a visitantes y estimulando las economías locales. En 2025, el número de bienes inscritos en el patrimonio mundial ascendía a 1.248, de los cuales 972 eran culturales y estaban repartidos entre 167 países. Europa concentra una parte importante de esos bienes, lo que refuerza su atractivo y su proyección internacional.

“Sin embargo, los gastos en cultura suelen considerarse no prioritarios, ya que sus rendimientos son difusos, indirectos y a largo plazo”, lamenta Maria Gravari-Barbas. “A escala europea, los marcos de arbitraje dan prioridad a indicadores económicos estandarizados (déficit, rentabilidad inmediata, productividad), que no integran bien las externalidades sociales, simbólicas y territoriales propias del sector cultural”.

Sin embargo, la inversión cultural se distingue también por un efecto multiplicador notable. Por cada euro invertido en el patrimonio, el impacto económico directo, indirecto e inducido asciende a entre 28 y 31 €, según un estudio nacional sobre más de 3.400 monumentos.

Estas cifras reflejan un impacto estructurador en la economía local, en particular a través del empleo. El sector genera alrededor de 500.000 puestos de trabajo no deslocalizables en Francia, entre artesanos, arquitectos, ingenieros, guías, conservadores y empresas del sector de la construcción. Las obras financiadas por la Fundación del Patrimonio, por sí solas, han permitido crear o mantener más de 16.000 puestos de trabajo en un año.

A escala europea, el patrimonio cultural constituye un vivero de empleo significativo: en 2024, 7,9 millones de personas trabajaban en el sector cultural en la Unión Europea, es decir, este sector representaba el 3,8% del empleo total. Las actividades relacionadas con el patrimonio cultural (museos, monumentos, archivos, etc.) muestran un crecimiento regular, lo que confirma su importancia en la resiliencia económica de las regiones(5).

Externalidades sociales relevantes

Más allá del turismo, el patrimonio genera externalidades sociales relevantes: cohesión y orgullo colectivo, transmisión de saberes y saber hacer, inclusión social, mejora de las condiciones de vida y anclaje al territorio”, añade Maria Gravari-Barbas. También refuerza la resiliencia de las regiones al servir como recurso para la reconversión económica, consolidando los vínculos sociales en períodos de crisis y ofreciendo referencias culturales que favorecen la adaptación colectiva”.

El patrimonio contribuye al atractivo y a la revitalización de los territorios, como queda patente, en Francia, por ejemplo, en proyectos emblemáticos como el Louvre-Lens o el Centre Pompidou-Metz, que han transformado su entorno de forma sostenible.

Innovación y creación

Lejos de ser algo estático, el patrimonio fomenta la innovación y la creación contemporánea. Las restauraciones ambiciosas, como la de Notre-Dame de París y sus nuevos vitrales tras el incendio de abril de 2019, muestran cómo el diálogo entre patrimonio y modernidad puede generar nuevos proyectos significativos. La Unión Europea, a través del programa Horizon Europe, fomenta la puesta en valor del patrimonio cultural como factor generador de innovación sostenible y de refuerzo del sentimiento de pertenencia europeo(6).

En la encrucijada de estos retos económicos, sociales y técnicos se sitúa la acción de las empresas que, como VINCI Energies, ponen en valor el patrimonio y contribuyen así a construir territorios más atractivos, más inclusivos y con la mirada decididamente puesta en el futuro.

“Las empresas y los actores de la ingeniería tienen un papel clave, al aportar innovación, competencias y financiación: restauración baja en carbono, reutilización de materiales, digitalización y nuevas herramientas de valorización. Más allá del aspecto técnico, también contribuyen a dinámicas sociales virtuosas, apoyando el empleo local y la transmisión del saber hacer y de los proyectos vinculados a los territorios, y haciendo del patrimonio un factor de transición ecológica basado en la sobriedad y el vínculo social”, confirma Maria Gravari-Barbas.

(1) Cultural Heritage Counts for Europe: Full Report (2015), Informe del proyecto CHCFE coordinado por Europa Nostra, Comisión Europea.

(2) Balance 2024 – Ministerio de Turismo de Francia

(3) Estudio Patrimostat 2025 – Ministerio de Cultura de Francia

(4 )« Tourisme international. Chiffres Clés & Tendances 2024 » – Organización Mundial del Turismo (UNWTO World Tourism Organization)

(5) Estadísticas de la cultura, empleo cultural – Eurostat

(6) Patrimoine culturel européen et les industries culturelles et créatives – Horizon Europe


INTERVIEW

“El patrimonio no es un recurso ordinario”

¿Cómo proteger el patrimonio cultural en el momento de las transiciones ecológicas, tecnológicas y sociales? Patrizia Riganti, profesora de turismo en la Universidad de Glasgow (Escocia), aclara los principios clave de una gestión responsable del patrimonio, entendido como un capital cultural que debe transmitirse a lo largo del tiempo.

Frente a los muchos retos actuales, ¿qué principios deben guiar los proyectos de protección y puesta en valor del patrimonio?

PR. La primera exigencia es la claridad conceptual. El patrimonio existe cuando una comunidad reconoce un bien como elemento portador de valores culturales compartidos y decide transmitirlo. Este reconocimiento es la base de la idea de patrimonio como capital cultural, en el sentido en el que lo define David Throsby*: un stock de valor cultural que produce beneficios a lo largo del tiempo, beneficios que son a la vez mercantiles y no mercantiles. El patrimonio, como el capital natural, es sobre todo un recurso no renovable, único y difícilmente sustituible, con riesgos de irreversibilidad. Esto es particularmente cierto en el caso del patrimonio material, que se degrada con el tiempo.

¿Y el patrimonio inmaterial?

P.R. Algunas formas de patrimonio inmaterial (prácticas culturales, memoria colectiva) pueden renovarse si su transmisión perdura en el tiempo. Aunque son posibles adaptaciones o innovaciones, la sustitución total pocas veces es aceptable para activos que se definen por su autenticidad y su valor contextual. De ello se desprenden tres principios: 1) la equidad intergeneracional e intrageneracional, para garantizar el acceso a los beneficios culturales hoy sin comprometer su transmisión; 2) una evaluación rigurosa de las opciones de gestión, que incorpore todos los beneficios sociales, incluidos los valores de no uso, con ayuda de herramientas basadas en las preferencias colectivas; 3) la incorporación de la transición ecológica, ya que los riesgos climáticos afectan directamente a la sostenibilidad del patrimonio, mientras que la conservación del patrimonio va a favor de un desarrollo local inclusivo.

¿Las innovaciones tecnológicas transforman la protección y la puesta en valor del patrimonio?

P.R. Sí, pero su aportación depende de su marco de uso. Las herramientas digitales y las innovaciones energéticas mejoran la conservación preventiva, la gestión de los riesgos y la planificación a largo plazo, pero su eficacia no se puede evaluar únicamente mediante indicadores técnicos. Debe valorarse a la luz de su capacidad de reforzar la gestión sostenible del capital cultural y proteger los beneficios vinculados al uso y al no uso, que motivan fundamentalmente la protección del patrimonio.

¿Por qué principios se deben regir las alianzas entre actores públicos, expertos y empresas?

P.R. Estas alianzas son necesarias frente a las transiciones ecológicas y digitales, pero su legitimidad radica en su capacidad de producir un valor público sostenible, y no beneficios a corto plazo. La participación de las comunidades es esencial, en particular en un contexto en el que los marcos normativos se pueden debilitar.

Deben estructurarse a partir de tres principios: 1) el reconocimiento del patrimonio como recurso no renovable, estableciendo límites claros a los compromisos aceptables; 2) una evaluación transparente y basada en datos concluyentes de las estrategias de gestión, que incorpore dimensiones económicas, sociales y medioambientales; 3) una responsabilidad ética del sector privado, que alinee innovación e inversión con los valores culturales, la autenticidad y la confianza del público.

De este modo, unas alianzas bien diseñadas pueden conciliar usos contemporáneos, desempeño ambiental y protección del capital cultural como bien público.

*David Throsby es profesor emérito de economía en la Universidad Macquarie de Sídney. Es internacionalmente reconocido por sus


El patrimonio cultural en cifras

El 67% de los franceses visitaron un lugar de interés patrimonial en 2024

100 millones de turistas internacionales en Francia en 2024: 71.000 millones de euros en ingresos, el 8% del PIB nacional, 1,3 millones de empleos directos, de los cuales 500.000 son empleos no deslocalizables

631 millones de turistas internacionales en Europa en 2024, es decir, el 43% del total mundial

1.248 bienes inscritos en la lista del patrimonio mundial de la UNESCO en 2025, de los cuales 972 son culturales

1 € invertido en patrimonio genera de 28 a 31 € de impacto económico en Francia

Fuentes: Ministerio de la Pequeña y Mediana Empresa, Comercio, Artesanía, Turismo y Poder Adquisitivo, Ministerio de Cultura, UNWTO, Eurostat, Horizon Europe


18/06/2026