Elemento indispensable del espacio público, la luz jerarquiza los espacios de la ciudad y orienta los usos ciudadanos. Actualmente, la manera de reducir su consumo local está en el foco del debate.

En el París de la segunda mitad del siglo XVII, Gabriel Nicolas de la Reynie, oficial de policía, mandó instalar faroles en las calles para facilitar la vigilancia y garantizar el orden público. La seguridad ciudadana, por tanto, fue la primera función histórica del alumbrado urbano.

A partir de ahí, la luz se ha impuesto como un elemento indispensable para el funcionamiento de los espacios públicos, un componente patrimonial de las ciudades y un factor que condiciona su atractivo. A finales de los años ochenta del siglo pasado, incluso adoptó una función cultural destacada en manifestaciones como la Fête des lumières de Lyon, el Amsterdam Light Festival o el Festival Montréal en Lumière.

Sin embargo, la emergencia climática ha cambiado las cosas. El alumbrado público representa el 41% del consumo eléctrico de las entidades locales de Francia. Mientras que muchos estudios señalan el impacto nocivo de la contaminación lumínica para el ecosistema, la Asociación Nacional para la Protección del Cielo y el Entorno Nocturnos habla de un aumento del 94% de luz emitida únicamente por el sistema de alumbrado público durante los últimos veinte años.

“La pluralidad de las funciones del alumbrado en el espacio público refleja la diversidad y la amplitud de los retos a los que debe responder toda política urbana”

“La mayor concienciación sobre el medioambiente y la necesaria reducción del gasto público, así como la creciente preocupación por el bienestar de los ciudadanos, invitan a replantearse el papel de la luz en los espacios públicos”, resume Nicolas Planteau du Maroussem, director general de VINCI Energies en Île-de-France, regiones Norte y Este y director del comité estratégico de Citeos, la marca de VINCI Energies especializada en el alumbrado y los equipamientos urbanos.

La revolución LED

Aunque la expresión “Ciudad de la Luz”, creada para describir un París que inauguraba el primer sistema de alumbrado público eléctrico durante la Exposición Universal de 1878, conserva toda su fuerza evocadora, y aunque el alumbrado público se gestiona en singular, los actores locales han empezado a pensar en la iluminación y la luz en plural: de la “Ciudad de la Luz” a las “luces de la ciudad”.

“La pluralidad de las funciones de la luz en el espacio público refleja la diversidad de los grandes retos a los que debe responder toda política urbana”, explica Nicolas Planteau du Maroussem. Seguridad, movilidades, inclusión social, sostenibilidad medioambiental y económica, pero también función estética…

Para afrontar todos estos desafíos, las autoridades públicas disponen de un preciado aliado, la iluminación LED (Light-Emitting Diode o diodo emisor de luz) que, además de disponer de una vida útil de diez a quince años, permite reducir a una cuarta parte el consumo eléctrico necesario para el alumbrado de las ciudades. Sus activos son muchos: conectividad con el IoT, regulación de la iluminación al nivel de potencia requerido o posibilidad de controlar a distancia y de forma individual cada foco de luz, entre otros.

En resumen, el LED posibilita la transición de la luz urbana hacia alumbrados dinámicos y sensibles, capaces de modular la intensidad luminosa en función de las movilidades, en una lógica de continuidad de uso.

Alumbrado “correcto”

El desarrollo de la movilidad sostenible y el fomento de la reducción del consumo energético también llegan al debate sobre los futuros dispositivos del alumbrado público.

Durante mucho tiempo, el alumbrado urbano se ha diseñado partiendo de un criterio principal: la circulación de los coches. Era necesario iluminar las vías para que los automóviles pudieran circular. Hoy en día, este problema se ha trasladado al resto de movilidades: peatones, bicicletas, y los servicios rápidos de autobús y de tranvía… Todo ello supone pasar de un alumbrado sistemático y único a un alumbrado “correcto”: en el lugar correcto, en el momento correcto y con la intensidad correcta.

Asimismo, surgen nuevos tipos de asociaciones para mejorar el rendimiento global del sector. “Los contratos de mejora de rendimiento energético mediante los cuales nos comprometemos con las autoridades locales permiten reducir el consumo de forma significativa, hasta un 70%”, señala Nicolas Planteau du Maroussem.

Sin embargo, los enfoques comerciales más innovadores, que pronto permitirán a las autoridades comprar únicamente el acceso a la luz, solo son posibles mediante una configuración 100% LED. A razón de una tasa de renovación del parque limitada al 3% anual, probablemente todavía habrá que esperar muchos años para que las ciudades hayan completado su migración al LED.

Mientras tanto, la iluminación “inteligente” gana cada día más terreno. No se trata solamente de renovar los equipos, sino también la forma de plantear el papel, el lugar y la función del alumbrado en los espacios urbanos.

12/03/2020