La capital noruega diseña e implementa programas piloto que contribuyen a crear una ciudad más verde e inclusiva gracias a la innovación tecnológica.

Oslo, distinguida con el título de European Green Capital 2019 por la Comisión Europea, se dotó muy pronto de los medios necesarios para alcanzar sus metas medioambientales. Según el organismo independiente OFV, la capital de Noruega también encabeza el ranking mundial en el uso del coche eléctrico, y prevé prohibir la venta de vehículos con motor de combustión a partir de 2025, con el fin de alcanzar sus ambiciosos objetivos medioambientales, que incluyen la reducción de un 50% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a partir de 2020 (respecto al año 1990) para lograr la huella de carbono cero en 2050.

La movilidad es uno de los caballos de batalla de una ciudad donde el tráfico representa el 60 % de los GEI, una ciudad que no ha escatimado en incentivos para promover el coche de cero emisiones: supresión de la mayoría de los impuestos, estacionamiento gratuito, acceso gratuito a los puntos de recarga y los ferris, y autorización para usar los carriles bus (los atascos en estas « vías fluidas » son el precio a pagar por el éxito del coche eléctrico).

Para contar con la homologación de FutureBuilt, los proyectos de construcción deben incorporar una reducción del 50% de la huella de carbono respecto a los estándares actuales, ofrecer una verdadera calidad urbanística y arquitectural, y estar situados cerca de un hub de transportes públicos.

En los años 1990 la capital noruega instaló el Oslo Toll Ring, un dispositivo de peajes automatizados desplegado en las carreteras de acceso a la ciudad que ofrece tarifas incentivadoras a los vehículos de cero emisiones y genera beneficios que permiten financiar parcialmente proyectos de movilidad de la smart city: transportes públicos, bicicletas e infraestructuras peatonales.

Símbolo destacado del éxito de la ciudad en su lucha a favor del clima y el bienestar de los ciudadanos, el coche es tan solo uno de los elementos de una política global basada en la colaboración entre el sector público y las start-ups, que se materializa en una serie de programas piloto.

Cincuenta proyectos inmobiliarios y de planificación urbanística

Uno de estos programas es FutureBuilt, que en el plazo de diez años prevé desarrollar cincuenta proyectos inmobiliarios y de planificación de los barrios mediante la colaboración de socios públicos y privados. Para contar con la homologación de FutureBuilt, los proyectos de construcción deben incorporar una reducción del 50% de la huella de carbono respecto a los estándares actuales, ofrecer una verdadera calidad urbanística y arquitectural, y estar situados cerca de un hub de transportes públicos.

Entre estos proyectos, la escuela Bjornsletta, que cuenta con 800 alumnos, es un modelo de eficiencia energética pasiva: la climatización de los locales y la optimización energética están totalmente automatizadas y el número de plazas de parking se ha reducido deliberadamente, mientras que se prioriza el estacionamiento de bicis.

Una lógica parecida se aplica en otro edificio ejemplar, la Gullhaug Torg, que no dispone de ninguna plaza de parking para coches. Situado cerca de un hub de transporte, esta torre de dieciséis pisos combina oficinas y apartamentos. Su consumo energético, compensado por el uso de energías renovables, es casi nulo, lo que demuestra que se pueden climatizar y calentar los edificios sin necesidad de recurrir a la red eléctrica. Por otro lado, en su construcción se tuvo muy en cuenta el uso de materiales y soluciones reciclables.

El tercer buque insignia del programa, el futuro nuevo Munch Museum, también cumple con los criterios de FutureBuilt. Este edificio de doce plantas que parece desafiar las leyes de la física está protegido por un revestimiento ventilado de placas de aluminio onduladas y perforadas.

Pero el ámbito de actuación del programa FutureBuilt también incluye la movilidad. Por ejemplo, como resultado de un concurso organizado en el marco del programa Olso Bysykkel de bicis compartidas, se crearon más de 130 puntos de alquiler de bicis en la ciudad.

Asociaciones público-privadas

Una de las claves de la transformación de la capital noruega es la relación entre autoridades públicas e iniciativa privada. El Smart Oslo Accelerator es una de las herramientas que pone en contacto a los representantes públicos con el sector privado, y principalmente con las start-ups. Esta entidad organiza regularmente un concurso, el Smart Oslo Pitch, que da la oportunidad a los emprendedores de presentar innovaciones para mejorar la vida diaria de los habitantes en todos los ámbitos.

Entre estas innovaciones, destaca la instalación de tuberías de agua sin necesidad de abrir zanjas, mediante el uso de técnicas utilizadas en la industria petrolera. Estas obras, de una duración más breve, son menos molestas para los residentes locales y provocan menos afectaciones al tráfico.

Los ciudadanos, y en este caso los más vulnerables, son el foco de la Casa Alma, un experimento emblemático de la visión de la transformación social llevada a cabo por la ciudad de Oslo. Estos apartamentos, que incorporan un sistema de asistencia basado en la tecnología, están destinados a pacientes con demencia senil y a sus familiares. El proyecto responde tanto a la preocupación del ayuntamiento por no excluir a nadie de la smart city como a la necesidad de encontrar soluciones innovadoras en un momento en el que se disparan los gastos relacionados con el cuidado de una población cada vez más envejecida.

13/06/2019

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